24 nov. 2005

Secuencia

Había una vez un tipo que se pasaba la mayor parte del tiempo haciendo un mapa de su cerebro. Con el tiempo fue teniendo un mapa cada vez más completo. Decía que cuando tuviera el mapa completo lo iba a poder recorrer dirigiéndose a un pensamiento específico. Cuando completó el mapa (o casi lo completó, la misma paradoja de la historia impide saberlo), empezó a recorrer el cerebro de forma dirigida. Hasta que llegó a esa zona, en donde cayó por un hueco fractal al darse cuenta de que en realidad en esa zona del cerebro tenía que estar la representación de un hombrecito dentro de su propio cerebro que tenía un hombrecito dentro de su propio cerebro, y así eternamente.
El primer precipicio fractal que recuerdo fue a algo así como los 4 años. En esa época salió un álbum del Topo Gigio, que tenía en la tapa al mismo álbum del Topo Gigio... Les dejo a ustedes para que completen la secuencia hasta donde puedan.
Yo hasta acá llegué.

Función del intelectual en el ecosistema cultural

Comen cultura, cagan cultura.
¿Quién es más funcional al sistema?

Hipnótica cultura que uniformiza al son de una onda sinusoidal. El beat sincroniza tu cabeza. La sincroniza con los cientos que la escuchan. La gente salta, oscila, se sacude al son de lo predecible.
Canción de cuna para los hijos del ciberespacio.Estructura fractal que insinúa los secretos de la vida y del universo. Todo batiendo al pulso de un corazón electrónico.
Los transistores ven pasar electrones, el circuito integrado ve pasar masas de electrones. El chip mastica más electrones por segundo que estrellas dentro de esta galaxia. El circuito impreso oscila al ritmo de un universo de partículas fluyendo. La motherboard emana de sí más electrones que galaxias en muchos eones a la redonda mientras uno pestañea. Todo se junta en un software que manda la información de vuelta a un ritmo igual de vertiginoso pero en sentido inverso y con un orden humano.
Todo se junta, como en un embudo, en órdenes cada vez más simples, fragmentando cada vez más la información hasta convertirla en una secuencia de números. Los números tienen dentro sí su destino marcado. Cada número se dirige a un lugar dentro de ese universo, primero a aquel lugar de la motherboard, desde allí hasta aquel circuito impreso. Desde allí hasta aquel chip. Y desde allí hasta aquel circuito integrado, desde allí hasta aquel transistor y desde ahí a la salida de audio. Y desde ahí a un aparato que multiplica el tamaño por mil (volumen) y el contenido lo divide por un millón (información). Desde allí a un parlante. Desde allí al oído. Desde el oído al cerebro. En todo ese proceso, la información se divide por mil en su tamaño (voltaje) y se multiplica por un millón en contenido.
El recorrido es millones de veces más complejo, porque esta otra máquina procesa todo en paralelo, con más unidades interconectadas que estrellas posibles en este universo, recorriendo un laberinto más grande que este universo, mutiplicándose por millones, que forman cientos de miles de patrones que evocan decenas de miles de estados vitales posibles, que impactan sobre centenas de conglomerados neuronales, que activan una decena de áreas que al juntarse hacen que desde la cabeza vaya al teclado y del teclado a la entrada del teclado y desde allí hasta ese transistor que se ve allá.
Una vuelta y no cojo más.

Formas burdas de divismo

Te floreás con oscuras disgresiones
Oscuras solo para que no digan
Los que al muerto huelen desde el cielo
Uñas largas sostienen la copita

Y te amargás frente a la derrota
Que teme tu vida en cautiverio
Y andás removiendo cementerios
De motivos de ser con vencimiento

Escritos en el fondo del frasquito
Souvenir de tu única luna de miel
Tu persona es una esposa enamorada
Del personaje que la vida goza

Por eso te quedás encanutado
En el circuito de tus letanías
Evitás con horror las compañías
Y vibrás con la euforia del pasado

O buscás una vida clandestina
Que tu sed insaciable aniquila
En el oasis de tu espejismo
En esa burda forma de divismo

(letra de Mariana, música en construcción).