31 ago. 2008

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Hace 17 años, mientras estaba en proceso de conocer (en sentido bíblico) a Mariana, apareció Alén, un amigo, con un cassette copiado en enésima generación de "Home of the Brave" y me dijo: "escuchá a esta mina, te va a gustar". Así escuché a Laurie Anderson. Era 1991 y la grabación ya tenía unos 6 años. A los pocos días fuimos a ver la película al cine universitario que estaba pasando un ciclo de "raros". Esa forma de hacer arte y ejercicio intelectual me fascinó y marcó como para algunos fue escuchar a los Rolling. Desde entonces me acompañó en cada etapa. En las malas épocas, escuchar "...Paradise is exactly like where you are right now... only much... much... better", funcionó como una cura instantánea a todos mis males existenciales. Después vinieron cosas como: "they say that heaven is like TV: a perfect little world that doesn't really need you". Ideal para bajar a tierra desde una fase hipomaníaca. Siempre me fascinó esa forma de ver el mundo con la que me identificaba al mango. Su coqueteo con la tecnología, la cultura, la política y una visión de la humanidad como una construcción hacia quién sabe dónde, hizo que le quisiera todavía más. Su concepción de la ética ("so when you see a man who's broken, pick him up and carry him... 'cause we don't know where we came from, we don't know what we are...") y de nuestro periplo ("...history is an angel being blown backward... into the future...") resumía en un par de versos varios libros de filosofía.
Entonces, hace unos días apareció un mail de Luis, un postgrado, avisándome que LA actuaba en BsAs. En un principio decidí no ir (quería juntar plata para comprar un cubo Marshall) pero Luis mandó otro mail que decía :
"En lo personal odio esas malditas decisiones personales del tipo: 'mmhh... el Marshall o el artista?', pero admito que nunca lamente haber apostado al artista: la memoria perdura (al menos hasta el F00)."
Entonces Mariana, que leyó ese correo, apareció con un sobre que decía: "Así se debe festejar un aniversario", con pasajes, estadía y entradas.
Decir "no me quiero morir sin ver a XXX" es un arma de doble filo, porque después de ver a XXX, uno pasa del "debe" al "haber" en la contabilidad vital. Me manejo bien con los número y ya voy a inventar un truco contable para presentar a la impositiva celestial. Mientras tanto: la vi. La ví a los 60, recién casada (Lou Reed tocó un par de cosas de sorpresa) y haciendo lo que sabe hacer: arte, cultura y política. Obsesionada con las mismas cosas: la humanidad, el poder, el control, la cabeza y el misterio de la vida, menos tecno, más enamorada, más dark, más vieja, más política.
Volví con sensación de gratitud por las cosas que me da la vida y con la gente que ayuda a que uno termine viviendo estas cosas.
Gracias a todos.